Si vas en el tren y de repente se sienta a tu lado un anciano y te dice:
—“¿Perdón joven sabía que más del ochenta por ciento de la población es infeliz?”, hazme caso, apártate rápido, de lo contrario te puede suceder lo que a mi.
Como sabes viajo en tren a diario, pues bien, hace unos días, cuando se disponía a emprender la marcha, un anciano subió justo al vagón en el que me disponía a leer tranquilamente. Por cortesía le ayudé a sentarse y él agradecido me correspondió con una amable sonrisa. Hasta ahí fantástico, abro mi cartera, saco el libro que estaba a punto de acabar y de repente la pregunta de marras: — “¿Perdón joven sabía que más del ochenta por ciento de la población es infeliz?”
—Disculpe señor, ¿qué ha dicho? –le pregunto al anciano, de nuevo por cortesía, y ahí va el resultado de mi estúpida pregunta.
—Si, si me ha escuchado usted perfectamente joven…¿acaso le da miedo mi presencia… o mi pregunta? ¿es usted feliz? Déjelo, déjelo, no conteste. Verá, dicen los eruditos que, “la felicidad es un estado de ánimo que se produce en la persona cuando cree haber alcanzado una meta deseada y buena”. Dicen además que, “tal estado propicia paz interior, un enfoque del medio positivo, al mismo tiempo que estimula a conquistar nuevas metas; es definida como una condición interna de satisfacción y alegría”. ¿Lo entiende joven? Calle, calle y escuche, no ponga esa cara de bobo…ustedes los jóvenes lo saben todo. Atienda. No voy a explicarle las posturas filosóficas de Aristóteles o Platón, ni lo que significa para las religiones teístas, no, nada de eso, aunque yo particularmente me inclino más por el hedonismo de Epicuro, pero eso lo dejamos para otro día que no tenemos demasiado tiempo.
Huelga decir que a estas alturas mi libro había vuelto a mi cartera y qué se yo si por una mezcla de cortesía, curiosidad o falta de huevos para bajarme en la primera estación que llegase, ahí estaba yo, escuchando al abuelo, perdón al anciano.
—Vamos, vamos joven no se distraiga y escuche estas dos citas:
“La naturaleza de la felicidad es un círculo en el que el centro está en todas partes y la circunferencia no está en ninguna” —¿Qué le parece? Bah, déjelo…que le va a parecer, escuche esta otra:
“Raramente ocurre que una felicidad venga tan pura como para no ser templada y apaciguada por alguna mezcla de dolor” —¿Y bien?
Como podrás imaginar mi cara de idiota iba “in crescendo”, sin embargo la paciencia de mi interlocutor parecía no tener límite.
—Se ha vuelto usted a distraer joven y así no acabaremos nunca. Atento. Le he propuesto estas dos citas que espero, no ya que haya entendido, pero si al menos que le hayan hecho pensar en el tema que nos ocupa “la felicidad”, pero que digo ¿pensar? ahí está la clave.
Un vistazo al vagón, nadie mira, ahora podría aprovechar un descuido del viejo, perdón anciano, y huir, pero si, hay un pero, resulta que me pica la curiosidad, quizás vale la pena escucharle, o no. Está claro, no tengo huevos para dejarlo con la palabra en la boca, puta educación.
—Pensar eso es: “ pensar”. Mire, mire hacia aquí joven, me gusta que me miren cuando hablo. En un punto están de acuerdo todas las visiones sobre la felicidad. Partiendo de lo que le he explicado hasta el momento, cada uno de nosotros, con el fin de conseguir la felicidad, o al menos acercarse a ella, debería identificar claramente cuales son, digamos, sus ilusiones o deseos. ¿Me sigue? Pues bien, para sorpresa de muchos, quizás de todos, investigaciones a nivel mundial corroboran que más del ochenta por ciento de la población es incapaz de identificar –con una mínima claridad- sus ilusiones y deseos. ¿Usted si?
Quedan apenas diez minutos de trayecto, joder…, esta debe ser la buena obra del día, y además con preguntas de ciencia ficción a las tantas de la noche, y él ahí sigue con su cuerda…
—Escuche con atención. Desconozco si es fiable la teoría que apunta la física cuántica en cuanto a que afirma que esta vida, el universo, la naturaleza…, dicho de forma coloquial, proporciona al ser humano lo que desea, aquello en lo que piensa y anhela. Si esto es así, y teniendo en cuenta los datos de la investigación ¿es de extrañar que la gente, en general, no sea feliz? Y, olvidándonos de físicas cuánticas y mandangas, ¿qué posibilidades de encontrar el camino de la felicidad puede tener quien ni siquiera sabe que es lo que podría acercarle a ella?
Ahora si que me ha dado en la línea de flotación el puto abuelo, perdón el anciano.
—Pues nada joven, ha sido un placer, me tengo que bajar en la próxima estación, siga, siga usted así, sentado tras su ordenador, revisando expedientes, enviando mail’s de “te quiero” a desconocidos, matando marcianos…que lo de la felicidad es un tema complejo. Suerte amigo, ¡ah!, intente al menos no ser infeliz.
Joder por fin, por fin libre, ¿libre?, ahora que pienso, he dicho “pienso”…Lo dicho, si te subes al tren, aparece el puto abuelo, perdón el anciano y te hace la preguntita corre, corre por lo que pueda ser...
lunes, 4 de octubre de 2010
NOCHE ESPECIAL
Cuando entró por la puerta supe que aquella noche sería especial. Su penetrante mirada recorrió todo mi cuerpo. Me había vestido para la ocasión, tejanos ajustados, una camiseta minúscula…aunque donde su mirada se detuvo curiosamente fue en mis pies. Su desnudez sobre el parqué le atrajo poderosamente. En realidad era una indumentaria informalmente estudiada, en especial los pies desnudos sobre la madera del suelo…
A pesar de la brevedad de nuestra relación, la sensación era de un conocimiento mutuo intenso, muy intenso. Por momentos temía despertar de aquel sueño que apenas hacía unas semanas había comenzado. Raúl era tierno, dulce, pausado, era el día con sus rayos de sol … yo la noche con sus tinieblas, sus oscuridades, sus miedos. En estas pocas semanas mi vida había tomado un nuevo rumbo hacia la paz, la serenidad, la calma. Y sabía que esta noche sucedería.
Me besó intensamente, sin apenas darme tiempo a cerrar la puerta, sus gruesos labios se apoderaron de mi boca con una suavidad salvaje. Acaricié sus ondulados cabellos por detrás de la nuca mientras me aferraba a su cuerpo. El fuego de la chimenea nos recibió en el salón y caímos sobre la alfombra absolutamente entregados.
Como retando a la cuarentena que nos acechaba a ambos, nos besamos y acariciamos como dos adolescentes, con la pasión con que aman los amantes, ocultos, furtivos, prohibidos…Lentamente fuimos descubriendo la desnudez de nuestros cuerpos y fundiéndonos en un solo ser.
Deliberadamente me situé sobre él, le besé con ternura y con lentitud, fui deslizando mis labios por su pecho, su ombligo, como en mis sueños, hasta llegar a mi objetivo, erguido, desafiante, lo tomé con una de mis manos mientras la otra acariciaba. apenas con las yemas de los dedos, la parte interna de sus muslos. Gimió intensamente. Paseé infinitamente la punta de mi húmeda lengua por aquel miembro que tantas veces había adivinado en mi imaginación. Su respiración se agitaba mientras apretaba con fuerza la base de mi conquista. Lentamente la tomé entre mis labios y suavemente la fui introduciendo en mi boca mientras mi lengua la recorría con movimientos serpenteantes. Su respiración se hacía cada vez más intensa, las convulsiones de aquel miembro me excitaban hasta tal punto que hubiese entregado el alma al diablo con tal de que aquel momento no acabara nunca, era fuerte, fuerte… y sumamente suave...
Consciente de que en segundos un torrente brotaría irremediablemente, Raúl me apartó con la delicadeza que él y sólo él es capaz de transmitir, apretó casi con violencia el objeto de mi deseo y respiró hondo. Me besó dulcemente y entonces fui yo quien se dejó caer sobre la alfombra, junto al fuego, que vivo, alumbraba lo irremediable. Besó, acarició, lamió cada poro de mi piel, suavemente, a momentos de forma desesperante, hasta llegar al punto de su conquista. Ahí se detuvo, lo besó una y mil veces, lo humedeció muy lentamente y fue introduciendo su lengua mientras mi cabeza se arqueaba haciendo una lasciva sombra con el fuego. Mientras sus labios y su lengua me enloquecían, sus dedos, primero uno, después dos…iniciaron un delirante baile en mi interior camino hacia la locura. Entre nubes noté como se incorporaba y acercaba apenas su cima hacia mi, quedamente conquistó mi interior, sentí como se apoderaba de mi un desesperante deseo de tenerlo todo…intenté atraerlo hacia mi… fue entonces cuando sus embates nos llevaron a la cresta, a la cúspide, al cenit.
Vencidos, nos abrazamos junto al calor de la chimenea mientras nos mirábamos sin necesidad de decir nada. Raúl acariciaba mi incipiente barba, con mi mirada fija en su mirada me preguntaba si acaso mi esposa podría llegar a entenderlo.
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