Cuando entró por la puerta supe que aquella noche sería especial. Su penetrante mirada recorrió todo mi cuerpo. Me había vestido para la ocasión, tejanos ajustados, una camiseta minúscula…aunque donde su mirada se detuvo curiosamente fue en mis pies. Su desnudez sobre el parqué le atrajo poderosamente. En realidad era una indumentaria informalmente estudiada, en especial los pies desnudos sobre la madera del suelo…
A pesar de la brevedad de nuestra relación, la sensación era de un conocimiento mutuo intenso, muy intenso. Por momentos temía despertar de aquel sueño que apenas hacía unas semanas había comenzado. Raúl era tierno, dulce, pausado, era el día con sus rayos de sol … yo la noche con sus tinieblas, sus oscuridades, sus miedos. En estas pocas semanas mi vida había tomado un nuevo rumbo hacia la paz, la serenidad, la calma. Y sabía que esta noche sucedería.
Me besó intensamente, sin apenas darme tiempo a cerrar la puerta, sus gruesos labios se apoderaron de mi boca con una suavidad salvaje. Acaricié sus ondulados cabellos por detrás de la nuca mientras me aferraba a su cuerpo. El fuego de la chimenea nos recibió en el salón y caímos sobre la alfombra absolutamente entregados.
Como retando a la cuarentena que nos acechaba a ambos, nos besamos y acariciamos como dos adolescentes, con la pasión con que aman los amantes, ocultos, furtivos, prohibidos…Lentamente fuimos descubriendo la desnudez de nuestros cuerpos y fundiéndonos en un solo ser.
Deliberadamente me situé sobre él, le besé con ternura y con lentitud, fui deslizando mis labios por su pecho, su ombligo, como en mis sueños, hasta llegar a mi objetivo, erguido, desafiante, lo tomé con una de mis manos mientras la otra acariciaba. apenas con las yemas de los dedos, la parte interna de sus muslos. Gimió intensamente. Paseé infinitamente la punta de mi húmeda lengua por aquel miembro que tantas veces había adivinado en mi imaginación. Su respiración se agitaba mientras apretaba con fuerza la base de mi conquista. Lentamente la tomé entre mis labios y suavemente la fui introduciendo en mi boca mientras mi lengua la recorría con movimientos serpenteantes. Su respiración se hacía cada vez más intensa, las convulsiones de aquel miembro me excitaban hasta tal punto que hubiese entregado el alma al diablo con tal de que aquel momento no acabara nunca, era fuerte, fuerte… y sumamente suave...
Consciente de que en segundos un torrente brotaría irremediablemente, Raúl me apartó con la delicadeza que él y sólo él es capaz de transmitir, apretó casi con violencia el objeto de mi deseo y respiró hondo. Me besó dulcemente y entonces fui yo quien se dejó caer sobre la alfombra, junto al fuego, que vivo, alumbraba lo irremediable. Besó, acarició, lamió cada poro de mi piel, suavemente, a momentos de forma desesperante, hasta llegar al punto de su conquista. Ahí se detuvo, lo besó una y mil veces, lo humedeció muy lentamente y fue introduciendo su lengua mientras mi cabeza se arqueaba haciendo una lasciva sombra con el fuego. Mientras sus labios y su lengua me enloquecían, sus dedos, primero uno, después dos…iniciaron un delirante baile en mi interior camino hacia la locura. Entre nubes noté como se incorporaba y acercaba apenas su cima hacia mi, quedamente conquistó mi interior, sentí como se apoderaba de mi un desesperante deseo de tenerlo todo…intenté atraerlo hacia mi… fue entonces cuando sus embates nos llevaron a la cresta, a la cúspide, al cenit.
Vencidos, nos abrazamos junto al calor de la chimenea mientras nos mirábamos sin necesidad de decir nada. Raúl acariciaba mi incipiente barba, con mi mirada fija en su mirada me preguntaba si acaso mi esposa podría llegar a entenderlo.

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